SOBRE MI
Un recorrido entre danza, fotografía y enseñanza
Me llamo María Mateo y trabajo con el movimiento y la fotografía como formas de escucha, de expresión y de encuentro. Acompaño a personas que sienten la necesidad de habitar su cuerpo, de detener el ritmo, de explorar la emoción o de encontrar un espacio donde crear sin exigencias externas.
Mi relación con el cuerpo comienza muy pronto, a los cinco años, a través de la gimnasia rítmica. Durante trece años aprendí disciplina, constancia y técnica, pero también entendí que el movimiento es una forma profunda de comunicación. Ese camino me llevó a estudiar Artes Visuales y Danza en Madrid, donde descubrí que la danza y la fotografía no eran mundos separados, sino dos lenguajes que nacen del mismo lugar: la atención al instante.
Durante mis años de formación empecé a compaginar ambas disciplinas de manera natural. Bailaba, observaba, fotografiaba. Me interesaba capturar aquello que sucede antes, durante y después del gesto: lo que no siempre se ve, pero se siente. Desde entonces, mi trabajo se mueve entre la escena y la imagen, entre la experiencia vivida y su huella.
Como bailarina he formado parte de compañías y proyectos escénicos, actuando tanto en contextos profesionales como en espacios no convencionales. Como fotógrafa me he especializado en artes escénicas y procesos creativos, realizando exposiciones colectivas y documentando proyectos culturales, siempre desde una mirada cercana y respetuosa con el trabajo del otro.
En 2019 sentí la necesidad de volver a mi lugar de origen y de crear un espacio estable donde compartir todo lo aprendido. Ese mismo año fundé la primera Escuela de Danza de Binéfar, un proyecto que nace para ofrecer una formación accesible, sensible y adaptada a cada persona, sin importar la edad ni el punto de partida. Un lugar donde la técnica convive con la escucha y donde el proceso tiene tanto valor como el resultado.
Tras abrir la escuela atravesé un proceso personal y físico importante: fui operada de ambas caderas. Ese parón me obligó a detener el movimiento, pero no la creación. Durante ese tiempo nació el Proyecto 365, un proceso en el que realicé una fotografía diaria como forma de seguir observando y sosteniendo el vínculo con la creación desde otro lugar. No eran autorretratos, sino instantes, objetos y momentos cotidianos que dieron lugar posteriormente a un fotolibro.
Actualmente compagino la escuela con mis proyectos artísticos y fotográficos, y con iniciativas que buscan dar visibilidad a la danza y a quienes la habitan, como el documental La danza y el Covid-19 o el proyecto Tutustu. Trabajo con personas, colectivos e instituciones que sienten la necesidad de crear, documentar o formarse desde un lugar honesto y humano.
Cada proyecto, cada clase y cada imagen nace del mismo lugar: la atención al cuerpo, la emoción y la experiencia. Aquí encontrarás un espacio para explorar, crear y mirar de otra manera.
